Todas las entidades y proyectos sustentados por ayudas y subvenciones públicas y privadas viven tensionadas por la inestabilidad.
En primer lugar, por la aprobación de las distintas convocatorias y en segundo lugar por la aprobación de sus respectivas resoluciones.
En la actualidad la mayoría de las ayudas y subvenciones salen convocadas bajo la modalidad de concurrencia competitiva por lo que los proyectos presentados “compiten” en unos parámetros planteados por el organismo convocante.
Estas convocatorias pueden salir de forma regular dos veces al año, 1 vez al año, o pasar a salir cada dos años o incluso bajo tres, dependiendo del tipo de convocatoria.
Para conseguir la correcta financiación de los proyectos, las entidades aplican en diferentes convocatorias con el objetivo de financiar la mayor parte de su actividad sin incurrir en una doble financiación de su actividad.
Mientas se ejecuta el proyecto, el seguimiento, al finalizar la evaluación y la posterior justificación económica y técnica.
Y así año tras año.
Bajo este modelo todos los proyectos están continuamente bajo la lupa, en la gran mayoría de las ocasiones cumpliendo un lugar fundamental en la sociedad, atendiendo a personas, a entidades, a profesionales, al medio ambiente, a tu ciudad, a tu pueblo, siendo un punto informativo para la juventud, la infancia, migrantes, personas mayores…etc.
¿No es posible cambiar a un modelo que permita que las entidades dediquen el mayor tiempo posible a su actividad real, y no a la justificación de su actividad y/o a la supervivencia de su entidad?
¿Quizás mayor número de inspecciones y pruebas físicas de actuación y un menor papeleo?

