La profesionalización del sector de las entidades de economía social y sin ánimo de lucro

A finales de los 70 y principios de los 80 España contaba con un movimiento asociativo muy importante y debido a distintos cambios sociales, tecnológicos, políticos, legales y de otras características. En la actualidad, estos comportamientos y tendencias asociacionistas han disminuido. 

Muchas de las entidades sociales también llamadas ONG, se han ido convirtiendo en empresas, eso sí, sin ánimo de lucro. Estas entidades u ONG gestionan programas semipúblicos a través de contratos y conciertos con el sector público o a través de ayudas y subvenciones por concurrencia competitiva en la mayoría de los casos.

Esa relación con el sector público como proveedoras de servicios, ha hecho que la administración poco a poco haya ido demandando distintas cuestiones estructurales y profesionales a las entidades, por lo que estas han terminado convirtiéndose a casi todos los efectos en empresas proveedoras de servicios, con las mismas obligaciones y exigencias que cualquier otra empresa.

Un escalón por debajo, todas aquellas personas voluntarias que dedicaban tiempo y esfuerzo a la gestión de estas entidades ha ido comprobando como con el paso de los años el mantenimiento de estas entidades se ha complejizado y ha obligado a la contratación de personas expertas para su gestión. 

Además, determinadas obligaciones han derivado en que el personal voluntario no pueda hacer ciertas labores de gestión y atención, por lo que el número de profesionales contratados ha ido ampliándose y continuara haciéndolo.

Esto no quiere decir que la misión de las entidades haya desaparecido, pero si plantea que la manera de sacar adelante esa misión ha cambiado. 

El voluntariado y la contratación de profesionales pueden convivir perfectamente tal y como ya se ve en entidades que se adaptan a la realidad actual, complementando distintas visiones y actitudes ante la misión de la entidad.

Consultoría con un fin social